Tras un par de días muy intensos en los despachos, el Real Oviedo ya tiene nuevo entrenador. Sobre las tres de la tarde -media hora después de su anuncio oficial y después de que ambos clubes intercambiasen los últimos documentos para su llegada-, Guillermo Almada llegó a El Requexón acompañado de su segundo, Darwin Quintana, para iniciar el tercer capítulo en los banquillos del club azul en apenas cuatro meses.
Minutos antes lo había hecho el director general, Agustín Lleida, y también el presidente, Martín Peláez, aunque ambos se quedaron dentro de las instalaciones azules, al menos durante el tiempo que estuvieron presentes los medios de comunicación. Los futbolistas arrancaron la sesión realizando trabajo específico en el gimnasio y Guillermo Almada, acompañado del jefe de seguridad del club, Jesús Manuel Álvarez, salió antes a conocer el estado de los campos de El Requexón donde iba a trabajar.
A partir de las cuatro de la tarde comenzaron a saltar los futbolistas al césped número cinco bajo la intensa lluvia que arrecia en El Requexón. Caras largas y, sobre todo, un silencio sepulcral que les acompañó durante los cerca de 20 minutos que estuvieron los medios. Sobre el césped, Almada, muy observador, se mantuvo alejado de los focos y apenas se dirigió a sus futbolistas. Jorge Tejada, el preparador físico del filial, llevó la voz cantante de la sesión.
En lo más estrictamente deportivo, Almada contó únicamente con tres bajas: la de David Carmo, convocado con Angola para la Copa África; y las de Nacho Vidal y Ovie Ejaria por lesión. Cazorla y Fede Viñas, ausentes en el Pizjuán por sanción, entrenaron con normalidad junto al resto del grupo. Del filial estuvieron Pablo Agudín, Dieguito, Guille Berzal y Marcos Lopes. Durante los primeros minutos de la sesión, los jugadores realizaron unos ejercicios de definición en porterías de dimensiones reducidas. Día uno para el uruguayo, que mañana será presentado de manera oficial a las 13:30 horas en la sala de prensa del Carlos Tartiere.