La Supercopa de España que se celebró hace ahora un año se recordará por el soberano repaso que le dio el Barça al Real Madrid en la final, un 2-5 incontestable que anticipó un cambio de guardia en el fútbol español que se iba a confirmar en los siguientes meses. Sin embargo, la cita celebrada en Yeda, escenario de nuevo del torneo que arranca este miércoles con la semifinal entre Barça y Athletic, dejó también escenas menos propias de un evento como este.
Aquella Supercopa quedó manchada por los tocamientos y el trato vejatorio que denunciaron las parejas de algunos jugadores del Mallorca, como Dani Rodríguez y Dominik Greif, por parte de aficionados saudíes durante la semifinal de su equipo contra el Real Madrid. Un nuevo episodio que elevaba el cuestionamiento de si resulta idóneo y, sobre todo, ético trasladar a Arabia Saudí un torneo entre equipos españoles.
The Barça players, with the Super Cup won last year. / STR / EFE
Siete años de la primera Supercopa en Arabia
El paso del tiempo, de las semanas, de los meses y de los años, enterró un debate que ya prácticamente ni se plantea. “Es una mierda”, dijo Iñaki Williams hace unos días, una declaración sorprendente y aislada que encontró el reproche público de su entrenador, Ernesto Valverde: “Debemos ser cuidadosos con las expresiones. Ir a Arabia supone prestigio porque vamos a jugarnos un título y nuestro club recibe dinero por ir allí”. Lo que en 2019 nació como una cuestionable anomalía se ha convertido ya, siete años después, en una cita perfectamente asimilada en el calendario futbolístico de cada temporada: después de Año Nuevo, toca viaje a Arabia Saudí.
40 millones de euros anuales tienen la culpa de que el fútbol haya erradicado el legítimo debate de la conveniencia de entregarse a un régimen autoritario que contraviene los Derechos Humanos. Porque, claro está, son esas dos características y su deseo de mejorar su imagen internacional a través del ‘sportswashing’ las que justifican un desembolso que está completamente fuera de mercado por una competición de segundo orden compuesta por apenas tres partidos y que hasta entonces, en formato de final a ida y vuelta en verano, era más un engorro que un negocio.
Un acuerdo bajo sospecha
No se puede olvidar que el contrato original por el que la Supercopa se trasladó a Arabia Saudí, rubricado en 2019, continúa bajo investigación judicial. Luis Rubiales, presidente de la RFEF en aquel momento, y Gerard Piqué, comisionista del acuerdo a través de su empresa Kosmos (que se embolsó una comisión de 24 millones de euros), llevan dos años y medio imputados por la jueza de Majadahonda que instruye el caso, Delia Rodrigo.

Luis Rubiales, after testifying in the Majadahonda court that he is investigating the Super Cup case. / Mariscal / EFE
La investigación, ampliada en el caso del expresidente y de algunos de sus colaboradores por presuntas ‘mordidas’ en la adjudicación de obras de la RFEF, está paralizada a la espera, precisamente, de la colaboración de la justicia de Arabia Saudí. La jueza formuló una comisión rogatoria para acceder a las cuentas bancarias que los imputados y sus empresas vinculadas pudieran tener en territorio saudí, una gestión que todavía no ha sido correspondida por el país que acoge la discutida Supercopa.
Inicialmente, el acuerdo de Rubiales con las autoridades saudíes abarcaba desde 2020, año de la primera edición, hasta 2025. Después de que la edición de 2021, a causa de la pandemia, no pudiera llevarse hasta Arabia Saudí, el condenado exdirigente anunció la ampliación del acuerdo hasta 2029.

The president of the RFEF, Rafael Louzán (2i), the president of FC Barcelona, Joan Laporta (i), the director of Institutional Relations of Real Madrid, Emilio Butragueño (d), and the honorary consul of Spain at the embassy in Riyadh, Sheikh Abdulaziz Kaki (2d), pose in the family photo of the official reception prior to the final match for the title of the 2025 Spanish Super Cup. / RFEF/EFE
Horizonte 2034
Rubiales ya es pasado, pero Rafael Louzán, su sucesor tras la tormentosa interinidad de Pedro Rocha, no está dispuesto a sacrificar un contrato multimillonario. Entre otras cosas, porque en la RFEF asumen (y saben) que ningún otro país, ni por supuesto una ciudad o región española, va a poner sobre la mesa el dineral que ofrece Arabia Saudí y que más allá de la tajada que se llevan los clubs participantes permite desplegar un generoso caudal de financiación para las necesitadas federaciones territoriales y para el fútbol femenino, de base y aficionado.
De hecho, el presidente de la RFEF anunció el año pasado por estas fechas que existían conversaciones avanzadas para prolongar el contrato hasta 2034, el año en que el reino saudí acogerá el Mundial masculino que le ha regalado la FIFA, e incluir la Supercopa femenina en el paquete. No es descartable que a lo largo de esta semana se anuncie un acuerdo definitivo en ese sentido, que garantizaría la celebración en Arabia Saudí (unos años en Riad, otros en Yeda) de 15 Supercopas. Para entonces, ya nadie recordará que se trataba de una anomalía.
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