El cuento llegó a su fin. Xabi Alonso ha dejado de ser entrenador del Real Madrid y lo ha hecho marchándose por voluntad propia por defender a su equipo de trabajo. El tolosarra había librado guerras de todo tipo en el club en estos siete meses. Jugadores, presidente, prensa, afición, empleados del club… Todo empezó mal cuando Florentino obligó a Xabi a dirigir al equipo en el Mundial de Clubes en Estados Unidos, cosa que no quería hacer el tolosarra. Allí mismo se produjo una reunión en junio, después de ser goleados por el París Saint-Germain, en la que el presidente le advirtió que Vinícius “es patrimonio del club” y que no debía entrar en las rotaciones. Por aquel entonces el entusiasmo de Xabi aún se mantenía intacto y todo se hacía bajo su criterio y orden. El equipo presionaba alto, Vinícius era suplente, Rodrygo jugaba en la izquierda, había cambios de sistema durante los partidos… Hasta que llegó la goleada ante el Atlético (5-2). Después el viaje a Kazajistán provocó el roce con Valverde y con Bellingham, que se sintió señalado por lo del Metropolitano al ser suplente y se enfadó por solo jugar diez minutos.
De rodillas ante el vestuario
Xabi fue haciendo concesiones, después de cada reunión con Florentino durante las ventanas de selección de septiembre, octubre y noviembre. A finales de octubre el día más feliz del madridismo con Xabi, el de la victoria en el clásico en el Bernabéu, se convirtió en el principio del fin al sustituir a Vinícius y ver cómo el presidente se ponía del lado del jugador. Alonso se arrodilló ante el vestuario y ese día firmó su sentencia. Valverde, Bellingham, Rodrygo, Vinícius, la pasividad en los entrenamientos, las faltas de compromiso en defensa…
La siguiente queja de Pérez, allá por noviembre, ya tuvo que ver con la forma física del equipo. El presidente miraba con recelo a Ismael Camenforte, el preparador físico de Xabi, que llenó de drones Valdebebas. Para entonces ya se rumoreaba la vuelta de Pintus. Vinícius por entonces ya jugaba por decreto, pese a no marcar un solo gol desde inicios de octubre. Una sequía que se fue hasta los 19 partidos, entre el Real Madrid y Brasil. Si rotaba cuando marcaba, no se explicaba por qué era titular indiscutible sin hacerlo. Xabi dejó de ser Xabi y se convirtió en Alonso. Arrodillado ante las estrellas, haciendo alineaciones políticas para no enfadar a Florentino y con un equipo que no jugaba a nada reconocible.
Diciembre ha sido especialmente duro. Alonso no ha convencido ni en el césped ni en la sala de prensa, con intervenciones muy planas, llenas de tópicos y sin un atisbo de la profundidad táctica y elegancia que se le vaticinaba en el Bayer Leverkusen. Las derrotas ante el Manchester City y el Celta confirman la vulgarización del equipo. Y llegó a Yeda con la soga en el cuello. Salvo ante el Atlético el expediente con un gol de Valverde, uno de los rebeldes que se le revolvió y le hizo perder la autoridad del vestuario, y en la final terminó siendo desautorizado por el propio Mbappé durante la entrega de medallas y del trofeo al Barcelona. Ninguneado por el presidente con sus constantes llamadas al orden, menospreciado por un vestuario que lo desafió y lo hizo claudicar ante el capricho de los futbolistas, y amortizado ante una afición que bostezaba viendo jugar al Real Madrid como a un equipo pequeño, su sentencia llevaba firmada mucho tiempo.
Y Klopp ya no es taxativo y pregunta por fichajes
Pasará a la historia del ‘Florentinato’ junto a Rafa Benítez o Julen Lopetegui, aunque su salida tenga más que ver con Camacho. Porque contra todo pronóstico no fue el Real Madrid quien le señaló puerta, fue su negativa a claudicar una vez más ante las imposiciones del mismo presidente que no le quiso escuchar cuando le pedía un centrocampista sobre el que hacer gravitar el juego del equipo. El mismo que ahora busca Florentino para ponerle en bandeja a Jurgen Klopp para seducirle y sentarle el próximo verano en el banquillo. Porque Arbeloa, piensa el presidente, es un capricho de su hijo.
En el vuelo de vuelta de Arabia, un Xabi cansado habló con José Ángel Sánchez y le confesó estar harto del mal ambiente del vestuario, la tensión que rodea al equipo, la presión en cada rueda de prensa respondiendo a si se juega el cargo… El malestar se ha trasladado al vestuario, donde se ha enrarecido el ambiente entre los propios jugadores. Pero la gota que hizo rebosar el vaso fue Pintus. Xabi había renunciado a su propuesta moderna de juego, había claudicado ante las exigencias de los futbolistas, se había rendido a las advertencias del presidente… pero se negó a entregar la cabeza de su preparador físico para seguir aferrado al banquillo del Real Madrid. Y ahí, sin saberlo quizás, encontró una ventana por la que salir de esta pesadilla que puede abrirle otras puertas más ilusionantes en la Premier.
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