No salen en las cámaras ni tienen un micrófono en la mano. Es más, huyen de todo ello. Pero sin ellos la Vuelta a España no podría celebrarse. La gran fiesta del ciclismo español lleva consigo un amplio despliegue de seguridad y, al mando de la Unidad de Movilidad y Seguridad Vial de esta Vuelta a España, hay un hombre con acento asturiano. El comandante Gerardo Suárez controla un dispositivo de 59 motos de la agrupación de tráfico, 28 vehículos, 1 helicóptero, 85 agentes de la agrupación de tráfico y 39 del Grupo de Reserva y Seguridad. “Nuestro principal objetivo es que haya una convivencia pacífica entre todas las personas que participan en una prueba así”, reconoce el zaragozano, comandante jefe del sector de Tráfico de la Guardia Civil en Asturias, y que debuta este año en la ronda española.
El trabajo hasta llegar a tierras asturianas no ha sido sencillo. La Vuelta este año comenzó en Italia y ha pasado por Francia y Andorra, lo que ha conllevado un trabajo extra por parte de la Guardia Civil. “Nuestra única misión aquí es garantizar la seguridad tanto de los corredores, como de los equipos, organización y sobre todo de los usuarios que transitan por las vías”, detalla Suárez, quien destaca que los días de competición son “muy intensos”. La jornada arranca a las siete de la mañana, “haciendo un desayuno potente para aguantar bien”, y tras ello realizan un ‘briefing’ en el que se evalúan los diferentes riesgos que puede tener la etapa que se celebre ese día. “Nosotros, además, no acabamos nuestro trabajo cuando finaliza la etapa. Nos encargamos también de las evacuaciones, que suelen ser muy complejas porque se concentran miles de personas, como se vio en El Angliru. Hasta que no llegamos al hotel no damos por finalizada la jornada”, apunta.
Dependiendo de cada etapa el dispositivo de seguridad es diferente, ya que se tienen en cuenta factores como los descensos o las diferentes subidas a puertos que pueda haber. “no es lo mismo, como es lógico, pasar por una zona despoblada a una zona urbana. Si pasas por una zona con mucho público intentamos garantizar que todas las líneas vayan bien juntas, para intentar que ningún elemento interfiera en el transcurso de la carrera”, apunta el maño, que pone como ejemplo el episodio en el que un perro saltó al paso de unos ciclistas. “Es algo que nos genera preocupación e intentamos concienciar al público del peligro que puede haber. Por eso pedimos que las mascotas estén bien atadas, para que no pase algo así”, señala.
Esta edición de la Vuelta a España está marcada por las protestas propalestinas que se están realizando en tierras asturianas, una dificultad añadida al trabajo de la Guardia Civil. “Nosotros nos centramos en que el ciclista, que es el elemento más vulnerable de la carrera, esté protegido al máximo y pueda llegar a meta sin novedades. Cualquier empujón o sorpresa en la carretera puede provocar que el deportista caiga al suelo y se haga daño. Intentamos garantizar que todo discurra con normalidad y si algún aficionado quiere exhibir algún tipo de reivindicación lo puede hacer, pero que no interfiera en el transcurso de la prueba”, indica Suárez que, como buen aficionado al ciclismo, cree que puertos como La Farrapona o El Angliru son “inigualables”.
“Nuestros puertos son un elemento diferenciador, como los Alpes para el Tour de Francia, pero al final lleva una serie de riesgos que nosotros tratamos de minimizar”, sentencia. Suárez cierra con la clave de todo el trabajo tanto suyo como de sus compañeros: “La Guardia Civil no tiene que ser protagonista, el protagonismo lo tiene que tener el ciclista y el aficionado. Nosotros trabajamos desde la sombra para que todo el mundo se lo pueda pasar bien”.
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